Capítulo I: Una cena ligera

- Deberías comer ahora. Pronto caerá la noche y tendremos que movernos.

Un horizonte rojizo tras una figura siniestra. El Cazador ha regresado y se mantiene de pie frente a la pequeña hoguera, sujetando en su mano un desgastado arco de poleas. En el aire flota todavía el acre olor de la carne quemada. Clavado en el espetón, al otro lado de la hoguera, sigue la mitad de aquel pobre conejo que tan fácilmente se había dejado atrapar. La niña ni siquiera había dado un bocado pese a su evidente desnutrición.

- ¿Me has escuchado? Todavía no tengo claro si de verdad entiendes mis palabras. Tienes que comer. Comer. Ñam ñam.

Camina de un lado a otro, exasperado por la indiferencia de aquella inesperada visitante. Meses atrás hubiese sido más común encontrar gente en los caminos. O familias enteras. Había cientos de aquellos nómadas que intentaban sobrevivir de lo que iban encontrando en su camino hacia ninguna parte. Fueron tiempos complicados. Todos querían huir pero nadie sabía hacia dónde o cómo. Muchos pidieron que les acogiesen. Algunos lo consiguieron.

El Cazador suelta un bufido y rodea la hoguera hasta situarse al lado de la niña.  Tumbada contra el suelo de tierra y raíces no parece más que un pequeño saquito de huesos con ojos.  No era raro ver niños flacos hoy en día, incluso era frecuente ver a algunos de los que sólo quedaban los huesos porque su familia había optado por comérselos. Lo que no era nada lógico para aquel duro hombre era que una personita con tan poca voluntad hubiese podido llegar tan lejos y, sobretodo, tanto tiempo después. La golpeó ligeramente con la bota, a la altura de las rodillas, y lo hizo un par de veces más hasta que consiguió que aquellos ojos estuviesen clavados en él.

- Tienes que comer, no pienso cargar contigo ni un centímetro más. Si no estás suficientemente fuerte como para seguir andando te dejaré aquí. Si tienes suerte morirás de frío esta misma noche.

Esperó unos instantes en busca de una reacción, pero aquellos ojos se limitaban a mirar a través de el. Pensó en dos o tres maneras de convencer a la niña y tras deleitarse un instante las descartó. La necesitaba sana, entera y a ser posible sin más traumas de los que ya llevaba encima. Los niños eran muy escasos hoy en día. Ellos eran el futuro, pero parecía que casi nadie creía ya en el futuro.

- Supongo que puedes comer más tarde, mientras estamos de camino. Vamos, necesito que te levantes.

Maldijo su suerte, aceptando que pronto tendría que cargar (de nuevo) con aquel pequeño saquito de huesos. Por el momento había conseguido que se pusiese en pie y que empezase a mordisquear un minúsculo trozo de carne mientras caminaban.  Al menos se habían puesto  en marcha.

Mientras ambos se internaban en la espesura del bosque, la noche ganaba lentamente la batalla al día y la oscuridad empezaba a reclamar lo que era suyo por derecho.

En esta tierra ya nadie duerme de noche.

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One thought on “Capítulo I: Una cena ligera

  1. edgardoelgordo dice:

    recién me entero de vuestro escrito y aunque no me agrada leerlo en la pantalla me parece interesante,
    (al menos el primer capitulo nada nuevo que no se haya escrito) pero con el buen gusto de leer optare por continuar con tu novela saludos

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